José Díaz no obtuvo el crédito que necesitaba su pequeña empresa, se vio obligado a despedir a los cinco empleados que mantenía y, dado que el piso le fue embargado, actualmente duerme en un banco de la plaza, frente a las oficinas del banco de Santander.
Alfredo Sáenz, de su misma edad, se ha visto obligado a abandonar el cargo de consejero delegado del Banco de Santander, antes de que un previsible dedo acusador señale su falta de honorabilidad -como si tal concepto tuviera significado en el mundo de la banca-.
Alfredo Sáenz fue condenado judicialmente por unos asuntillos mafiosos de andar por casa, después se benefició de un indulto de Zapatero, casi a traición, y luego obtuvo ventajillas financieras gracias a su amigo Rajoy.
Alfredo Sáenz ayudó a incrementar la crisis de España llevándose crudo en 2009 la friolera de 10,23 millones de euros; en 2010 sumó otros 9,2 millones; al año siguiente, 11,6 millones; y en 2012, otros 8,2 millones. Ahora se jubila anticipadamente con un plan de pensiones de 88,1 millones de euros, para que no le falta de nada en su temprana vejez.
Alfredo Sáenz, aunque de vez en cuando mira desde su despacho hacia la plaza, nunca ve a José Díaz, pues su mirada está preparada para no reparar en la inmundicia de todos aquellos idiotas que han vivido por encima de sus posibilidades: Ayer ilusos empresarios, hoy mendigos estúpidos. |
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